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liberad el feminismo. Crítica al moralismo y el maternalismo

Morgane Meteuil es mujer, es feminista y es trabajadora sexual. Ejerce la prostitución de forma voluntaria y defiende su derecho a hacerlo. Rechaza las posiciones moralistas y maternalistas de algunas corrientes del feminismo, dispuestas a homogeneizar a todas las mujeres, definiendo un canon eurocéntrico, centrando la dignidad de las mujeres en el uso que haga de sus genitales.

Meteuil desmonta muchos de los mitos de la corriente feminista que tilda de “biempensante y burguesa “, resalta las coincidencias entre el argumentario abolicionista y el antiabortista, al tiempo que reivindica la coherencia con las exigencias históricas del feminismo, que siempre reclamó el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos.

La autora reclama un feminismo realista e inclusivo: “El feminismo puede ser realmente emancipador reconociendo a cada quien el derecho a existir en su diferencia”.

Meteuil, militante del Sindicato de Trabajo Sexual francés (STRASS), afirma estar “a favor de disociar sexo y género, a favor de una concepción mucho más libre y desculpabilizadora de la identidad, mediante la deconstrucción de los papeles tradicionalmente masculinos o femeninos. Somos pro-sexo, pro-porno, pro-putas y estamos a favor de la libertad de llevar velo o, al menos, por una toma de conciencia de que no existe una prostituta, sino prostitutas; de que no existe una prostitución, sino prostituciones; de que no existe un velo, sino velos, y diferentes significados en el hecho de enarbolar ese signo. Solamente entonces se podrá calificar el feminismo de lucha por la dignidad de las mujeres, entendida como una lucha para que cualquier mujer sea considerada digna sean cuales sean sus elecciones.”

MERTUIL, MORGANE “Liberad el feminismo”. Edicions Bellaterra. Barcelona, 2017

´mujeriego´ no tiene femenino

taller

En un taller de Igualdad que impartía hace unas semanas, un joven se describía como “mujeriego”. Es habitual que los varones se definan así mismos por el deporte que practican -“futbolista”- o por presuntos rasgos de personalidad del tipo: “gracioso”, “simpático”, “buena gente”. Los más fanfarrones tampoco dudan en calificarse como “el puto amo” o “el dios”. Rasgos siempre relacionados con el protagonismo social que la división sexista de roles asigna al estereotipo masculino.

Le pregunté al grupo qué entendía por “mujeriego”. La descripción fue la esperada, así como la connotación positiva de esta presunta cualidad. Les pedí la palabra que define a una chica que hace exactamente lo mismo que este muchacho tan valorado por el grupo y la respuesta cambió tanto como la valoración. “Puta”, dijeron. Les invité a rebuscar, pero no encontraron ningún término análogo.

El grupo continuó identificando y desmontando las características del estereotipo masculino: valentía, competitividad, éxito económico, laboral, deportivo. Los chicos no olvidaron el mito de la disponibilidad sexual ni la constante actitud de cazador de los varones, algo que acabaron reconociendo como una de las cargas más pesadas del rol que nos imponen por haber nacido con pene. Incluido el presunto “mujeriego”.